
ULTRAIGNICIÓN: ¿Y VOS QUÉ VAS A HACER?
Por –
Disco: Ultraignición
Banda: Sabotaje
Integrantes: Any Arson (voz principal y coros); David Chocobar (guitarra, arreglos y coros); Benjamín Arevalo (bajo y coros); Hernán Chocobar (Batería)
Hace un par de noches, soñé que unos extraños me paraban en la calle para decirme que la militancia política, que hice hace unos años, había valido la pena. No lo decían así, pero siempre en los sueños — y más cuando pasan los días—, sobreviven pocas imágenes tal cual fueron. Hacía dónde nos llevan esas cenizas del sueño, eso nunca lo sabremos.
En ese sueño me largaba a llorar como un nene cuando las personas me decían que los esfuerzos militantes que hice — e hicimos varios— no fueron en vano. Me levanté aliviado esa mañana, sentí una liberación de angustia como nunca. Eso que pasaba, me liberaba en ambos planos: el onírico y el humano.
Las canciones también tienen ese poder.
Es con esa sensación que me había quedado, que volví a escuchar el disco Ultraignición de Sabotaje. El EP arranca con todo. Bien al frente, como uno esperaría de una banda hardcore. Con unas melodías que suben y bajan, tanto en la voz , como en lo instrumental, para despabilarnos e invitarnos a sacarnos la mufa que cargamos.
En Equivocada, Any, en dosis iguales, nos grita y susurra: “La paciencia se acaba, no hay vuelta atrás / no estoy equivocada, sos vos. / El tiempo no perdona, no queda otra forma / resurgir, desde el dolor.”
En esta primera canción, aparece un problema central que nos atora constantemente: la idea que podemos tener de nosotros mismos y de cómo nos ven los demás.
Las notas finales se quedan ahí rebotando y nos llevan a “Nada de Valor”, segundo track, para que todo empiece a picarse: “¿Otra vez vos acá, no hay otro lugar/ Para descargar todo lo que llevás?”. Esos momentos en los que los miserables nos agarran de punto para tirarnos todos los berretines que acumulan, como si sobre nuestros hombros pudiésemos cargar todos los males del mundo. Los Sabotaje la hacen corta y nos apiolan: no tenemos que ser los Atlas de ningún gil. Que se queden hablando por lo bajo, o que exploten de rabia.
En el tercer tema, aparece una certeza, aunque ésta poco dependa de nosotros: “El tiempo dirá lo que yo ya había dicho / No juegues con fuego, no juegues conmigo”. Dentro de lo rotos o cagados a palos que estemos, también sabemos sacar la fuerza interior para devolver las piñas que recibimos. Y eso es importante saberlo, y dejarlo claro, en tiempos donde los que nos gobiernan, se creen que están en el Ejecutivo, en las cámaras Legislativas o en el Poder Judicial por mandato divino, manejándose como reyes de una corona oxidada que tiene su centro en los Estados Unidos.
Ante los achaques de nuestros enemigos (los políticos, los sociales, los culturales, los económicos, y un largo etcétera) no queda otra que activar el Modo Berserk. Es un temazo, un hardcore punk de vieja escuela. Para que se arme el pogo, para que se cante a los gritos. Porque el hardcore es un montón de cosas, pero también es saber que eso que nos jode hay que enfrentarlo cara a cara, sin esconderse, y con la máxima energía que tengamos. En ese carácter que porta la música, la guitarra de David y la bata de Hernán son dos puños certeros.
En Escapar el bajo de Benja nos recibe latoso al mango y las cuerdas parecen emular el movimiento de las propias cuerdas del cuadrilátero de un ring de boxeo. Es que canción a canción, Sabotaje nos hace caer la ficha de que no hay que dormirse en los laureles: “Entre la niebla, busco mi rumbo / Mejor perderme a morirme entre tus manos”. Puede que a veces no tengamos las cosas claras cuando estamos mambeados, pero sí sabemos a quién vamos a tolerar y a quién no.
El mambo ahora se convierte en limbo y en la canción En el abismo, la banda nos permite ir al límite, poder ver que el otro también sufre. Inconsciente de su estado, o alienado por una imagen irreal de sí mismo, no nos tira una soga, ni nos da una mano: “Difícil comprender, que oculta tu interior / Bajo ese disfraz, seguro hay dolor”.
¿Cuánto somos capaces de soportar la idiotez de los demás? ¿Y la nuestra? Idiotez entendida en su origen griego: aquél que no puede vivir en comunidad y atenta contra ella.
Llega así la canción final, Quemando puentes, que también funciona como una declaración de principios: “No me conoces, me subestimaste / ¿Creíste que no lucharía hoy por liberarme?”, y el fuego final sube por las paredes, consumiendo todo lo anteriormente dicho, reduciéndolo al humo en espiral que ondea hacia lugares indeterminados.
En tiempos donde la palabra libertad aparece asociada a ideas de ajuste económico a la población argentina, Los Sabotaje hablan de liberarse. Es un uso de la libertad basada en la acción, como debe ser. No la libertad berreta de Milei y sus perros falderos entendida como un lugar de privilegio al que acceden unos pocos, y el resto la vemos en figuritas.
Las canciones tienen ese poder de ayudarnos a atravesar los estados de ánimo. Sabotaje usa el hardcore cómo una forma de transitar las experiencias dolorosas y poder cambiar en el camino. La música rápida, que tanto nos gusta y estimula, estará siempre ahí para alertarnos de los peligros y para alentarnos a ser nosotros mismos. El otro es una pregunta abierta, un espejo que nos mira desde nuestros miedos y prejuicios. Ultraignición es un paso más en esa batalla que nuestros antecesores llamaron autoconocimiento.
Esto no es ningún sueño, esta es la vida real. Basta con salir afuera y chocarse de frente con esa versión de nosotros mismos que no queremos ser: “Decime que se siente, verlo todo de frente / te equivocaste…no estoy para salvarte hoy.” Con esas palabras cierra Ultraignición, el EP de Sabotaje. Una sola pregunta queda en el aire, sabiendo todo esto, ahora la taba queda de tu lado: ¿Qué vas a hacer?